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Eva Perón: “Esa mujer”
El 17 de mayo de 1919 nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, una niña que llamaron Eva María Ibarguren, denominación que ha suscitado el comentario maligno de una escritora por anteponer el nombre de una pecadora al nombre de la virgen. Era la quinta hija de doña Juana Ibarguren y su concubino, Juan Duarte (padre). Familiarmente, la apodarían Chola y pasaría a la posteridad como una de las mujeres más importantes del mundo durante el siglo XX con el nombre de Eva Perón, aunque en el rincón más cálido de las emociones populares en la Argentina sería, como ella quiso, simplemente Evita. Por Norberto Galasso, historiador.
Desde su nacimiento, cargaba esta criatura con tres humillaciones: ser hija extramatrimonial, no reconocida por su padre (que, en cambio, había reconocido a sus cuatro hermanos), ser mujer, grave delito para aquella sociedad machista para la cual sólo debería servir para la cocina y la cama, y ser pobre, receptora, un 6 de enero, cuando tenía 7 años, de una muñeca con una pierna rota que era lo único que habían podido regalarle unos Reyes Magos demasiado menesterosos.
Probablemente de estas humillaciones brotó su rebeldía y su confraternidad con todos los desamparados de su tierra, marginados de las instituciones, expoliados por los poderosos, víctimas también de la discriminación por género. Trasladada con su familia a Junín, a los once años, se ahoga en el ámbito aletargado de la ciudad pueblerina, abrumado de prejuicios y rutinas, con la misa dominguera y la caminata alrededor de la plaza en los atardeceres. Allí recita en el escenario de la escuela para las fiestas patrias mientras remonta sueños, proyectos, triunfos en el mundo del espectáculo, hasta que a los quince años se lanza a la aventura de la Buenos Aires pletórica de músicas y luces de neón donde –está segura– habrá de alcanzar el éxito y dejará de ser la Chola para ser Eva Duarte en las carteleras de teatros y cinematógrafos.
Llegan entonces los años difíciles para abrirse camino en el campo minado de los productores, directores, representantes artísticos y periodistas, hasta llegar a la tapa consagratoria de la revista Antena (1939). Según algunos comentaristas, “mala en la cinematografía, era mediocre en el teatro y alcanzaba lo mejor de sí misma en la radiofonía”. Pero, a través de esas diversas vicisitudes mantiene una consecuencia: “Tengo en el corazón un sentimiento fundamental: mi indignación contra la injusticia”.
En 1943, antes de conocer a Juan Domingo Perón, ya interviene en la creación de un gremio: la Asociación Radial Argentina, de la cual es presidenta poco después. (Este suceso será sugestivamente olvidado en la lucha política pues le imputarán a Perón hacer pareja con una actriz –o cosas peores–, en vez de admitir que se une sentimentalmente con una gremialista.)
Como es sabido, un día de enero de 1944, en el festival del Luna Park para recaudar fondos para las víctimas del terremoto de San Juan, lo conoce al Coronel y esto marca un hito fundamental en su vida. Su rebeldía, su indignación contra la injusticia, inclusive su difusa vocación por una sociedad igualitaria aprendida de un novio anarquista de adolescencia, encuentra ahora cauce escuchando los proyectos que él le confía en una Munich de la Costanera, con el río por telón de fondo. No participa en el 17 de octubre –como pretende un mito innecesario– pero crece con el movimiento popular hasta hacerse símbolo de los descamisados y de los derechos femeninos. En esa época, goza los mejores días de su vida en la quinta de San Vicente, de enamoramiento y admiración por el líder que está emergiendo y el movimiento nacional en marcha.
En él ocupa inicialmente el lugar de “La primera Dama” vengándose, con los mejores vestidos, de las señoronas de la clase alta en las noches de gala del Teatro Colón. Pero a partir de 1946 se convierte en algo así como un ministro de Trabajo paralelo respecto del secretario de Trabajo y Previsión José María Freire, recibiendo los reclamos, anhelos y sugerencias de los trabajadores, que transmite al Presidente. Armando Cabo, uno de los principales dirigentes gremiales de la época, dirá que su labor fue fundamental “como puente entre Perón y la clase trabajadora”. En el armado policlasista del frente de liberación nacional, el General necesitaba un contacto directo con “la columna vertebral” –los sindicatos– y esa tarea la realizó ella, que ya empezó a ser “Evita” y dejó los vestidos lujosos por el traje sastre y el peinado con rodete. Después, vino su viaje a Europa y al regresar, la puesta en marcha de la Fundación, duplicando así la tarea social de apoyo al movimiento.
Allí entregó su vida. “No era beneficencia –recordaba su confesor, el padre Hernán Benítez–. Le llevaba remedios a un enfermo pero además lo besaba sin importarle sus llagas. Yo, pastor de Cristo, daba un paso atrás para no contagiarme y ella me reprendía: –No venimos a traer remedios, padre. Venimos a dar solidaridad, afecto, al compañero que sufre... Un día –recuerda Benítez– íbamos en el auto a la residencia cuando ella advirtió que en la puerta de un Banco una anciana lloraba. Hizo detener el auto y cuando se enteró que no le habían pagado la jubilación por una cuestión burocrática, entró con ella al Banco –y yo detrás, porque iba sin custodia– y dijo bien fuerte, en el medio del salón: ¿Quién fue el hijo de puta que le dijo a esta señora que viniera otro día? Esa era Evita”. (Así, los gobiernos populares “violan las instituciones liberales” con escándalo de los gorilas.)
En esa tarea entregó su vida, cuando el cáncer comenzó a roerla impiadosamente. Era preciso estarse hasta la madrugada para contestar las cartas porque ningún argentino debía ser defraudado por una falta de respuesta, superando la endeblez de los 38 kilos. El pueblo entendió ese amor desenfrenado. La oligarquía también y por eso la odió: “Viva el cáncer” escribieron en las paredes. Ella, consumida por la enfermedad, dijo sus últimas palabras: “Gracias, Juan”. Los evitistas de última hora jamás podrán comprenderlo, ese “evitismo antiPerón” que, como dijo alguien, “es la etapa superior del gorilismo”.
Luego vino la contrarrevolución y secuestraron su cadáver. Al devolverlo, dieciséis años después, en 1971, en Puerta de Hierro, abrieron el féretro y resultó evidente que la habían golpeado hasta quebrarle la nariz y hacerle un tajo profundo en el cuello. Tal era el odio, a niveles tan altos como, por contrapartida, la veneración de su pueblo. Perón sólo dijo la palabra que correspondía a ese furioso ensañamiento clasista: ¡Miserables!.
Revista Sur
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El fallecimiento de "la mujer del pueblo"
Eva Duarte de Perón, Evita, nació el 7 de Mayo de 1919 en Los Toldos (Provincia de Buenos Aires). Evita, hija ilegítima de una cocinera, se convirtió en la amante del coronel Perón cuando era adolescente, siendo cantante y actriz radiofónica.
Cuando en 1945 detuvieron a Perón, la "señorita radio" movilizó a los sindicatos para que lo liberaran; una vez libre, se casó con él. Participó en ese año y el siguiente en la campaña presidencial de su marido, ganándose la adulación de las masas, a los que ella llamó "descamisados".Y cuando un año más tarde accedió a la presidencia, ella se convirtió en una poderosa líder a su lado.
A pesar de que nunca tuvo un puesto oficial en el gobierno, Evita actuó de facto como Ministro de Salud y Trabajo, premiando generosamente a los trabajadores a través del aumento de sus salarios, quienes respondieron con el apoyo político a Perón. Luego de eliminar los subsidios a la tradicional Sociedad de Beneficencia, ganándose gran cantidad de enemigos en la elite tradicional, la reemplazó con la Fundación Eva Perón, la cual fue sostenida por uniones "voluntarios" y contribuciones más aportes de la lotería nacional y otros fondos. Estos recursos fueron utilizados para establecer cientos de hospitales, escuelas, orfanatos, casas para personas de edad y otras instituciones de caridad. Evita fue gran responsable del voto femenino y formó el Partido Feminista Peronista en 1949. También introdujo la compulsiva educación religiosa en todas las escuelas argentinas. En 1951, a pesar de padecer de cáncer, fue nominada para la vicepresidencia, pero el ejército la forzó a renunciar a tal candidatura. Esto fue un punto que marcó su declive político.
Falleció en el año 1952. Aunque su vida fue corta, impulsó toda una serie de transformaciones sociales.
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Juan Domingo Perón, vida y obra del último líder argentino
A principios de la década del 40, el panorama político presentaba un vacío de poder producto del agotamiento del Estado neoobligárquico instituido en 1930. Este vacío lo llenaría un fenómeno político nuevo, el peronismo. Juan Domingo Perón fue funcionario del gobierno militar instaurado con la revolución de 1943, y entre ese año y 1946 fundó un movimiento que lo llevaría a la presidencia de la Nación. Se convirtió en la figura central de la política argentina y el acceso al poder de su movimiento implicaría profundas transformaciones en el panorama sociopolítico del país.
La revolución de junio y el ascenso de Perón:
El 4 de junio de 1943 un golpe de Estado derrocó al presidente fraudulento Castillo y llevó al poder al general Pedro P. Ramírez. El desprestigio del gobierno conservador había llegado a tal punto que la asonada militar fue recibida con alivio apoyada por buena parte de la población y la mayor parte de la clase política.
La mayor parte de los partidos políticos y las organizaciones empresarias habían reaccionado favorablemente al golpe militar de 1943. Algunos de ellos tenían la secreta esperanza de influir en la flamante administración. Sin embargo, ese clima favorable iba a durar pocos meses: no sólo se suspendieron las actividades de los partidos, sino que algunos dirigentes fueron encarcelados y otros terminaron desterrados o autoexiliados en Uruguay. Sumidos en el desprestigio, fruto de su relación con el depuesto régimen conservador, poco pudieron hacer en los primeros meses de 1943 para torcer el rumbo de los acontecimientos. No obstante, el desarrollo de los sucesos nacionales e internacionales dio nuevos aires a la vieja dirigencia
Al mismo tiempo, el conjunto de las organizaciones corporativas había pasado de la desconfianza a una manifiesta hostilidad. El 16 de junio, unas trescientas asociaciones patronales integrantes de la Cámara de Comercio y la UIA dieron a conocer el “Manifiesto de las Fuerzas Vivas”, en el que condenaban a la Secretaría de Trabajo y Previsión por su política social. Allí pusieron de manifiesto sus quejas contra Perón.
Una vez resuelta la coyuntura de octubre, Perón, el gran triunfador de la jornada, se lanzó a la organización de sus seguidores para enfrentar las elecciones fijadas para febrero de 1946. El frente electoral quedó conformado por el Partido Laborista, integrado por los representantes de los sindicatos. Otra agrupación fue la UCR-Junta Renovadora, un grupo de dirigentes experimentados pero de segunda línea encabezados por Hortensio Quijano, a la postre candidato a vicepresidente. Finalmente, Perón logró el apoyo de algunos dirigentes conservadores del Interior.
Las medidas sociales que tomó el gobierno entonces continuaban, por un lado, con la política de alianza con los sindicatos que Perón estableciera desde la Secretaría y, por otro, buscaban un efecto electoral tildado de demagógico por la opositora Unión Democrática. El 20 de diciembre de 1945, el coronel Mercante, en ese entonces secretario de Trabajo y Previsión, anunció por medio del decreto 33.302 que los empleadores debían pagar un salario mínimo según el costo de vida y un aguinaldo equivalente al sueldo de un mes.
La primera presidencia (1946-1952)
En el plano de la política exterior, uno de sus objetivos centrales fue el acercamiento a los EEUU.
La “peronización” de la sociedad y la actitud ante la oposición:
Paralelamente a la democratización de la política que el peronismo encaró con la incorporación de los sectores populares-lo que constituyó el inicio de una verdadera democracia de masas-, desplegó desde el poder una estrategia de hostigamiento a los sectores de la oposición, revelando un escaso apego por los mecanismos formales de la democracia política. Avalado por la mayoría, hecho que se repetiría en cada lid electoral, el partido gobernante se sentía con derecho adquirido a “peronizar” cada rincón de la vida nacional. Retomaba así la forma plebiscitaria de pensar la política que el yrigoyenismo había ensayado desde el poder, excedía ese campo para avanzar sobre la sociedad.
Perón intentó neutralizar también cualquier otro tipo de obstáculo que le impidiera proseguir su política. A tal efecto, removió a jueces de la Suprema Corte que le eran contrarios.
Desde el gobierno, también se hizo uso del recurso constitucional de las intervenciones federales a las gobernaciones provinciales. Durante las gestiones de Yrigoyen, este mecanismo le había permitido al gobierno contrarrestar en parte la oposición conservadora que se hacía fuerte en los poderes ejecutivos de las provincias. En cambio, durante la gestión peronista, cuando la mayoría de las gobernaciones habían sido ganadas por el oficialismo en las elecciones, las intervenciones cumplieron casi exclusivamente el papel de disciplinar a las propias fuerzas peronistas del Interior.
El episodio sirvió también para demostrar la definitiva ruina política de la oposición, dada su aceptación tácita o explícita del golpe. Lo cual significaba que una parte de ella había renunciado a toda forma de oposición legal.
La eliminación de esta discriminación se efectuó recién en la década del 40, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, con la sanción de la Ley 13.010, que otorgó los derechos políticos a las mujeres, creándose a tal fin el padrón electoral femenino de la Nación.
Así, el 23 de septiembre de 1947 se logró el voto femenino obligatorio, gracias a la actuación de Eva Perón. A partir de entonces, las mujeres compartieron junto a los hombres la construcción de una sociedad mejor en las últimas décadas del segundo milenio. Y el derecho al voto, al permitir elegir y ser elegida, fue el principal instrumento para la participación política de la mujer.
La Muerte de Eva Perón
Los días siguientes a los comicios se realizaron una serie de homenajes en honor a Eva Perón, quien se encontraba convaleciente. El 1° de mayo de 1952 alcanzó a pronunciar su último y apasionado discurso desde el balcón de la Casa Rosada.
La segunda presidencia (1952-1955)
Al iniciarse la segunda gestión de Perón, el enfrentamiento peronismo-antiperonismo ya había traspasado todas las fronteras del debate político. Por un lado, el Estado peronista avanzó a partir de 1952 sobre zonas de la sociedad no controladas hasta entonces, como la Iglesia y la juventud. Por otro lado, los demás sectores –impotentes para granjearse el voto popular- utilizaban la vía ilegal para derrocar al peronismo. La crisis de legitimidad, en la que cada facción negaba entidad a la contraria, estaba llegando a su punto más alto en la Argentina de esos tiempos.
Perón y la Iglesia:
Desde el comienzo de la gestión peronista, la relación con la Iglesia había sido estrecha, basada en un compromiso mutuo. Una parte importante de la jerarquía católica había llamado a votar con Perón en las elecciones de 1946; por su parte, el gobierno militar había reinstaurado la enseñanza religiosa en las escuelas y Perón daba señales claras de continuar con esa política. Sin embargo, los avances sucesivos del Estado sobre la sociedad preocupaban cada vez más a la jerarquía católica. Esto provocó su progresivo distanciamiento del régimen. La Iglesia consideraba algunos ámbitos de su propia incumbencia, como la juventud y las mujeres, cuya organización encaraba ahora el peronismo. Así, la creación de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) tenía el objeto de alcanzar influencia sobre este grupo a través de actividades deportivas; asimismo, se apuntaba a las mujeres mediante la creación del Partido Peronista Femenino.
La caída de Perón
Este enfrentamiento con la Iglesia creó un verdadero cisma en el seno del gobierno y las Fuerzas Armadas. Así, los militares antiperonistas se sintieron respaldados para realizar una nueva intentona y derribar el gobierno.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina, en un verdadero acto de barbarie, bombardearon la Plaza de Mayo con la intención de asesinar a Perón y alzarse con el poder. El golpe se frustró debido a la neutralidad que mostró el Ejército, cuyos cuadros no se habían animado a actuar. El resultado fueron casi cuatrocientos muertos, en su mayoría civiles. La respuesta de los “descamisados” no se hizo esperar: se quemó parte de las principales iglesias de BS. As. Y la Curia metropolitana, aunque sin víctimas fatales.
El 16 de septiembre estallo una rebelión en Córdoba, al mando del general Lonardi. A pesar de que las guarniciones militares de la Capital Federal permanecían en manos leales, la asonada tuvo éxito, en primer término gracias a la intervención de la Marina de Guerra. Esta había amenazado con bombardear las destilerías de combustible de La Plata con la posibilidad de grandes pérdidas humanas, amenaza que no podía desestimarse dados los antecedentes del 16 de junio. Perón prefirió no dar batalla y, si bien no renunció formalmente, las tropas rebeldes fueron llamadas a conferenciar y tomaron el poder. Perón se refugió en la embajada de Paraguay y luego salió del país hacia un exilio que duraría dieciocho años.
La economía:
La política industrialista
La política peronista significaba el funcionamiento de un Estado planificador que promoviera el bienestar de la población, a fin de lograr una expansión del mercado interno necesaria para el desarrollo de la industria. Pero estas políticas de Estado de Bienestar, con sus aumentos salariales y mejoras para la clase obrera, podían afectar las ganancias de los industriales, generando así el efecto contrario al deseado.
Otro rubro donde el Estado actuó como empresario fue el de la industria mecánica, con la fundación de Industrias Mecánicas del Estado. Fabricaba aviones, automotores, material ferroviario e invertía también en astilleros que abastecían a ELMA. El gobierno propuso la inversión estatal en la industria siderúrgica con la creación de la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA). El Estado también invirtió en la industria química con Fabricación Nacional de Productos Químicos.
Durante el desarrollo del Plan Quinquenal, el Producto Bruto Interno aumentó aproximadamente un 29%. En líneas generales, se puede decir que este plan fue exitoso hasta 1948. Esta etapa aparece dominada por preocupaciones de corto plazo. La coyuntura internacional que se planteaba por el fin de la Segunda Guerra Mundial fue menos favorable que lo que los contemporáneos consideraban y esperaban. En la práctica, los países devastados por la guerra, si bien necesitaban alimentos que la Argentina podía proveer, no contaban con medios de pagos suficientes.
La política agraria
La principal ruptura con el pasado que provocó el Estado peronista fue la de atribuirse la reasignación del ingreso nacional entre clases. Tal como fue definida la política industrial, requería que crecieran tanto la tasa de ganancia de los empresarios como los salarios de los obreros. La solución que se halló consistió en usar al Estado para reasignar el ingreso nacional. El desarrollo industrial dependería de la transferencia de ingresos de los sectores agrarios hacia las industrias urbanas.
Durante esta primera etapa del gobierno peronista, el sector más perjudicado en términos relativos fue el agropecuario. La producción de los terratenientes ya no era considerada la “rueda maestra” de la economía argentina, y esto se apreciaba en diversas medidas de la política económica: manipulación de precios, aumento de salarios como efecto del Estatuto del peón, políticas monetarias que protegían a los consumidores más que a los exportadores.
Pero esta situación no afectó a la totalidad del sector agrario, pues así como los terratenientes especializados en la agricultura y el comercio agroexportador se veían perjudicados, otros sectores de la producción agrícola se beneficiaron con las medidas peronistas o bien no fueron alcanzados por ellas.
Crisis y Segundo Plan Quinquenal
La expansión económica perdió impulso en 1949. En ese año se produjo un estrangulamiento de la balanza de pagos. 1949-1952 fueron dos años de crisis económica. Las reservas de oro cayeron de 1.600 a 500 millones de dólares. Las exportaciones disminuyeron, pero también empeoraron los precios internacionales. A ello deben sumarse graves sequías en el período 1949-52. El síntoma de la crisis fue una persistente inflación.
Fue entonces que Perón cambio su discurso ante la clase trabajadora, a la que instó a “consumir menos y producir más”. Los sueldos fueron congelados y los comerciantes se vieron forzados a mantener estables los precios. La difícil situación que afrontaba el gobierno se traslucía en los esfuerzos del Estado para mantener a la sociedad dentro de los parámetros que había previsto. La difícil coyuntura económica constituyó un factor adicional en el progresivo debilitamiento del peronismo en esta etapa.
En 1953 se puso en marcha el Segundo Plan Quinquenal, que hacía hincapié en el incremento de la producción agrícola en lugar de la industrial. Los lineamientos fundamentales eran: aumentos salariales sólo en función de incrementos de productividad; precios favorable para los productores del agro; contención del gasto público; modificación de la actitud frente al capital extranjero: ahora se promovía su radicación en el país.
La sociedad:
La clase obrera
La clase obrera se modificó profundamente con la expansión sin igual de la industrialización y la llegada de aquella importante masa laboral del interior del país. En 1935, el valor de la producción industrial superó por primera vez el correspondiente a la actividad agropecuario. En 1938, la mano de obra empleada en la industria llegaba a los 2,6 millones de personas, mientras que la población empleada en la actividad agropecuaria llegaba sólo a un millón. De la mano de esa transformación socio-productiva, el capital industrial pasó a ocupar un lugar central en la economía argentina.
La migración interna provocó cambios en la composición de la masa de trabajadores urbanos de más antigua data. Estos cambios fueron especialmente visibles en las nuevas ramas de la industria, como la textil, la frigorífica y la construcción.
La construcción del movimiento peronista
El primen núcleo de gremialistas dispuestos a confiar en Perón fue el de los ferroviarios, gracias a la buena relación lograda por Mercante. El apoyo de la Unión Ferroviaria era crucial ya que se trataba de la principal organización sindical del país. En marzo de 1944, los ferroviarios reunieron 40.000 personas en la Plaza de Mayo para apoyar a Perón y este siempre les reconoció. Luego de los ferroviarios, dieron su apoyo la Unión Tranviarios, la ATE y los afiliados de la Confederación General de Empleados de Comercio (CGEC). Entre los gremios grandes, sólo los de la construcción y la alimentación, en manos de comunistas, se mantuvieron irreductibles.
Este apoyo de los principales gremios pone en cuestión una versión habitual de la historia que presenta el peronismo asentándose sobre el sector menos organizado de la clase obrera, el formado por los trabajadores de reciente origen migratorio. Estos últimos fueron fundamentales en la configuración de una identidad popular peronista que marcaría la política argentina en las siguientes décadas. Pero lo cierto es que Perón armó su proyecto de poder sobre las organizaciones sindicales existentes, aprovechando sus divisiones internas.
Hasta agosto de 1944, aunque en la práctica favorecía a los trabajadores, Perón volvía en sus discursos sobre muchos de los temas de los enemigos del movimiento obrero, como los del temor a la anarquía y las huelgas. En esta tónica se articulaban las ideas de Perón acerca de la comunidad organizada, una concepción organicista de la sociedad en la que cada sector debía cumplir un papel determinado, complementándose con los demás. Dentro de esta concepción, la lucha de clases debía ser reemplazada por la alianza de clases. Su discurso en la Bolsa de Comercio en agosto de ese año respondía a estas ideas, pero representó una línea divisoria entre dos etapas.
Perón, que llevaba adelante tanto una retórica anticapitalista como un discurso que se asentaba en las ideas de una comunidad organizada, actuaba como lo haría un “bombero piromaníaco”, como lo describiera el historiador Alain Rouquié. Es decir, daba impulso e intensidad al conflicto social, para presentarse luego como el único capaz de sofocarlo.
Los sindicatos y Perón
Luego de las elecciones de 1946 y la disolución del Partido Laborista, las relaciones entre Perón y los sindicatos se volvieron crecientemente asimétricas. Los sindicatos vivieron entonces un proceso de subordinación al Estado que, sin embargo, nunca fue total ni generalizado. Durante los primeros años del gobierno peronista, los sindicatos tuvieron la suficiente fuerza y autonomía para imponer los convenios colectivos más favorables a los trabajadores de toda su historia y encabezar conflictos de forma exitosa. Después de 1950, la cantidad de huelgas disminuyó, en parte porque las demandas obreras ya habían sido satisfechas y en parte porque el Estado comenzó a presionar a las direcciones sindicales para que evitaran los enfrentamientos con los patrones. Si bien las huelgas disminuyeron en los últimos años del peronismo, tuvieron lugar algunos conflictos que no contaron con el visto bueno del gobierno, como el ferroviario de 1951 y el metalúrgico de 1954.
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Biografía de Juan Domingo Perón
El General Juan Domingo Perón fue electo Presidente de la República Argentina en 1946, 1951 y 1973, llegando en todos los casos por medio de elecciones democráticas.
La vida política de Perón tiene por ello dos excepcionalidades en América Latina: llegar tres veces a la Presidencia de la Nación y, aún siendo militar, las tres veces mediante el voto popular.
Fue fundador y jefe político del Movimiento Nacional Justicialista que aún hoy, a más de un cuarto de siglo de su muerte, continúa siendo la fuerza política mayoritaria de la República Argentina: el Partido Justicialista.
Perón dejó escritas múltiples obras ("La Comunidad Organizada", "Conducción Política", "Modelo Argentino para un Proyecto Nacional", entre otras) donde expresa su filosofía y doctrina política y que continúan siendo textos de consulta en el plano académico y aplicado de la vida política argentina y continental.
Fue fundador y jefe político del Movimiento Nacional Justicialista que aún hoy, a más de un cuarto de siglo de su muerte, continúa siendo la fuerza política mayoritaria de la República Argentina: el Partido Justicialista.
Perón dejó escritas múltiples obras ("La Comunidad Organizada", "Conducción Política", "Modelo Argentino para un Proyecto Nacional", entre otras) donde expresa su filosofía y doctrina política y que continúan siendo textos de consulta en el plano académico y aplicado de la vida política argentina y continental.
Infancia y primera juventud: Perón nació en Lobos (Provincia de Buenos Aires) el 8 de octubre de 1895 siendo hijo de Mario Tomás Perón -pequeño productor agrícolo-ganadero- y de Juana Sosa, y nieto de uno de los médicos más célebres de su tiempo, el profesor Tomás L. Perón. Su familia es de origen sardo por vía paterna y castellana por vía materna.
Su infancia y primera juventud las vivió en las pampas bonaerenses y en las llanuras patagónicas del sur de la Argentina, adonde se trasladaron sus padres en el año 1899 en busca de trabajo. Estos escenarios de grandes espacios abiertos y de vida rural incidieron en su formación cultural que algunos biógrafos han denominado "criollismo".
En 1937 publicó el estudio "La idea estratégica y la idea operativa de San Martín en la Campaña de los Andes".
Perón se exiló en países latinoamericanos, conoció a una joven argentina, María Estela Martínez (Isabel), que se convertiría en su tercera esposa, y a partir de 1960 se trasladó a España donde vivió en Madrid hasta que pudo regresar a su patria por primera vez el 17 de noviembre de 1972 y, definitivamente, el 20 de junio de 1973.
Enrique Pavón Pereyra, "Vida de Perón", Editorial Justicialista, Buenos Aires, 1965.
Enrique Pavón Pereyra, "Conversaciones con Juan Domingo Perón", Colihue-Hachette, Bs. As., 1978.
Fermín Chávez, "Perón y el Peronismo en la historia contemporánea", Editorial Oriente, Bs. As., 1975.
Juan Domingo Perón, "La Comunidad Organizada", Edición Cuadernos del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, Buenos Aires, 1999.
Juan Domingo Perón, "Conducción Política", Ediciones Freeland, Buenos Aires, 1974.
Juan Domingo Perón, "Del poder al exilio. Quienes me derrocaron", Ediciones Argentinas, Bs. As., 1974.
Juan Domingo Perón, "La fuerza es el derecho de las bestias", Ediciones Síntesis, Buenos Aires, 1976.
Juan Domingo Perón, "La hora de los pueblos", Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1973.
Juan Domingo Perón, "Latinoamérica, ahora o nunca", Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1976.
Joseph A. Page, "Perón, una biografía", Grijalbo, Buenos Aires, 1999.
William Ratliff, "Cartas del exilio", Editorial Legasa, Buenos Aires, 1991.
